Yo no trabajo para casas de revista.
Trabajo para casas vividas.
Trabajo pensando en lo que pasa en una casa un martes cualquiera a las 19:40, cuando entras cansada, sueltas las llaves donde puedes y vuelves a cruzarte con esa esquina que llevas meses sin terminar de resolver.
En la silla donde se va quedando la ropa que no está suficientemente sucia para lavar, pero tampoco vuelve al armario. En la mesa del comedor con el portátil cerrado, el cargador todavía enchufado, una libreta abierta por la mitad y una taza de café ya frío de esa mañana. En la habitación donde ahora mismo conviven una lámpara sin colocar, dos bolsas con cosas que no sabes si guardar o sacar, un cuadro apoyado en la pared y la idea constante de "cuando tenga un rato, me pongo con esto". En el armario donde todavía hay una parte intacta que no has querido tocar. En la pared que se quedó vacía cuando quitaste algo y ahí sigue, días o meses después. En el sofá desde el que miras el salón pensando otra vez que no entiendes por qué algo aparentemente tan normal se te está haciendo tan cuesta arriba.
También trabajo pensando en todo lo que hay detrás de esas escenas. En la separación después de la cual la casa ya no volvió a colocarse del todo. En el teletrabajo que entró sin permiso y acabó ocupando media casa. En la reforma que sabes que necesitas, pero que te bloquea solo de pensar por dónde empezar. En la etapa nueva que ya ha empezado en tu vida, aunque tu casa siga organizada para la anterior.
Por eso, cuando te pido fotos y vídeos, no te estoy pidiendo una casa perfecta ni preparada para enseñar. No necesito que ordenes antes. No necesito que escondas lo que te incomoda. No necesito una versión más bonita de tu casa.
Necesito verla como está de verdad. Como la ves tú cuando llegas a casa. Como se cruza contigo cada día. Como te acompaña — o no — en el momento que estás viviendo ahora.
Porque no voy a juzgarla. Voy a ayudarte a entender qué está contando esa casa sobre tu vida de ahora y por dónde empezar a recolocarla contigo dentro.